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domingo, 6 de noviembre de 2016

LOS AMIGOS

Aprendo a distinguir sus incandescentes luces
de las sombras escondidas en la trastienda
que sobreviven a la somnolencia.

Detente a escuchar tu corazón,
haz que todos lo escuchen,
y hallarás la paz y el perdón
de tu conciencia.

Usurpa si es necesario, en la montaña,
el calor que dentro de ella te espera.
Y no te rindas en el intento
de ver nacer a aquel amigo,
que sin esperarlo se ha convertido,
en parte de tu camino.

domingo, 14 de agosto de 2016

“EL CAFÉ”


No convoco el pasado al recordar un alter sentarse a mi lado. No presté atención a su causal sexo. Llegaba con una reciente amiga. Soltó sus labios para despedir un saludo, y aunque lo escuché y con cortesía actué, mi ego no detuvo a sus pensamientos.

Otro día distinto y posterior al antes descrito, aquella persona transparente acompañó a la misma mesa que yo. Y así, cada vez que el Sol, la estrella mayor, se ponía, yo me cubría con las mantas de la experiencia de haber compartido con ella un café.

No soy capaz de redactar la palabra justa con la que logró abrir mis ojos a ella. Desde entonces la he visto a menudo, y aunque se me escape el indómito verbo, no está en el la esencia sino en las agradables e inevitablemente mudables consecuencias; un puente, (un lazo), entre sus humanas vivencias y las mías, también sinceras.

lunes, 8 de agosto de 2016

EL PRINCIPITO


En todos nosotros habita ese pequeño planeta del principito, con sus malas hierbas que nos destruyen y las buenas que se tornan rosas. Estas debemos regarlas, aquellas arrancarlas llevándote con ellas aquellos comportamientos que empiezan siendo minúsculos pero terminan con la dulce ternura innata del cariño humano.

El principito sabía perfectamente como quería aquel cordero que le mandó pintar al piloto que se encontró en el desierto. Sí, elegimos a nuestros amigos. Escogemos, si la vida  nos ofrenda con esa suerte, de forma admirable a aquellos a los que confesamos nuestros pesares, pensamientos y alegrías. Nos dejamos acariciar por sus halagos y abrazarnos por su simpatía al transmitir que nos quieren. Somos capaces de mentir por ellos y juntos rodeamos el mutuo afecto por aquello que otros estiman extravagante.

Aquellos que no tienen amigos, ya sea por carecer estos de la facultad de compartir sus intimidades o por esconder sus sentimientos humeantes que el ambiente les fecunda, jamás experimentarán lo que es pertenecer a algo importante. Y es que no se puede vivir sin amigos. O quizá sí. Lo dudo… prefiero no comprobarlo.

Brindo hoy por mí de nuevo, como todos los días, por encontrar el camino a saciar la sed del cariño y por no sentirme descolocada ante tantas bengalas sorpresas. Doy gracias a los dioses por actuar, a veces, sin mi permiso a arrancar una mala hierba que se oculta entre las buenas. Ellos, los dioses, iluminan de alguna manera eficazmente el destino que mañana me está esperando.

viernes, 5 de agosto de 2016

LA CÁLIDA AMISTAD


Cuando te asombras por ver amanecer y al mismo tiempo aprecias el resplandor de la Luna, no hay sitio en el que se te ignore por el silencio que todos pretendemos esconder. Desmaquillarse ante los demás es importante para que la calidad del Sol de verano surja su efecto al compartir sus rayos en una mesa donde aparecemos sentadas vosotras y yo.

La amistad es un camino largo, a veces perenne, otras caduco, infectado por el cariño, la confianza y el querer. El cándido aroma a éxito se distingue en los largos cafés de media mañana que te enganchan a esta vida alejando la pregunta de para qué hemos nacido, al compartir los agitados momentos que aparecen y desaparecen sin freno ante el torneo de la vida. La agradable meta de la amistad es causa y fundamento de la cometida sencillez y la ilimitada sinceridad.

Recorrer caminos por separado y fusionarlos en un café deseado es lo que nos separa de la enfermedad a estar solos. Cruzando juntas el estrecho de la mañana, siempre recordaremos que el silbido del Sol inundó nuestras parecidas almas.

martes, 26 de julio de 2016

LA PIRÁMIDE DE LA AMISTAD


Para ser justos deberíamos ser tan comprensivos como quisiéramos que lo fuesen con nosotros. Aquellos que más nos exigen, que nos aprietan a actuar en su favor, son los que menos nos ofrecen. El situar a todos los amigos juntos en el mismo privilegiado escalón de nuestro corazón puede llevarnos a irremediables decepciones cargadas de una fuerte sensación de sin sentido en nuestros sentimientos. Y es que el corazón no es redondo sino triangular. En la cima debemos posicionar a aquellos con los que todos nuestros actos y pensamientos pueden ser relatados sin miedo a sentirnos rechazados. Aquellos que por entendernos no nos juzgan, y se conocen tanto a ellos mismos, razón por la que son cómplices de nuestra más calada existencia. Por debajo de este peldaño todos los demás.

No debemos confundir la franca amistad, con la ternura que nos profesan otros y que no es correspondida. De agradables está el entorno lleno, pero su silencio manifiesta una composición de abandono a nuestro más hondo sentir.

Los animales poseen esa sensación de comodidad con la presencia de otros seres y no recuerdan sus intachables decepciones. Quizá yo tenga un poco de animal al olvidar rápido lo desagradable para pasar al amor en un breve instante. Soy un poco animal para eso. Sí, creo que necesito amar como los animales para encontrar sentido a esta vida. A pesar de todo no creo haber sido nunca un chimpancé.

lunes, 25 de julio de 2016

TE ESPERARÉ UNOS DIAS MÁS.

Creo que esta noche dejaré a la luna entrar en mi solitaria habitación y me perderé con su reflejo entre mis sábanas. Intentaré sentirme comprendida aun rodeándome de personas que no me comprenden. Sé que cerca habitan seres que querrían escucharme todo el día decirles los acontecimientos que no entiendo. Al mismo tiempo siento lejos a alguna amiga por estar de vacaciones a unos cientos de kilómetros. Y con lo que cuento en este momento, es con la compañía de mis pensamientos y deseos en el mañana, o tal vez en el otro mañana, en el siguiente, que es el que me espera después de pasar el hoy dos veces.

Entre párrafos siento connotados mis sentimientos, a veces de soledad, pero no de tristeza. Hoy he aprendido que nadie es incondicional. Me niego estar suplicando una amistad mientras ella o él hojea una revista ya arrugada, por no ser conmigo la primera vez que emplea la misma táctica. Me aleja de su inestable compañía y aunque sepa que en el problema de su desprecio no participo, no estaré aquí siempre resistiendo sus caprichos.

Quizá la distancia que marque implique distancias con otras personas, pero mi eterna paciencia se ha terminado. Ningunear a otra persona no se hace más que cuando esta te perturba con su presencia. He sido ninguneada pocas veces pero siempre con los mismos sujetos. Y hoy, repito, he aprendido que no soy incondicional.