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lunes, 25 de julio de 2016

TE ESPERARÉ UNOS DIAS MÁS.

Creo que esta noche dejaré a la luna entrar en mi solitaria habitación y me perderé con su reflejo entre mis sábanas. Intentaré sentirme comprendida aun rodeándome de personas que no me comprenden. Sé que cerca habitan seres que querrían escucharme todo el día decirles los acontecimientos que no entiendo. Al mismo tiempo siento lejos a alguna amiga por estar de vacaciones a unos cientos de kilómetros. Y con lo que cuento en este momento, es con la compañía de mis pensamientos y deseos en el mañana, o tal vez en el otro mañana, en el siguiente, que es el que me espera después de pasar el hoy dos veces.

Entre párrafos siento connotados mis sentimientos, a veces de soledad, pero no de tristeza. Hoy he aprendido que nadie es incondicional. Me niego estar suplicando una amistad mientras ella o él hojea una revista ya arrugada, por no ser conmigo la primera vez que emplea la misma táctica. Me aleja de su inestable compañía y aunque sepa que en el problema de su desprecio no participo, no estaré aquí siempre resistiendo sus caprichos.

Quizá la distancia que marque implique distancias con otras personas, pero mi eterna paciencia se ha terminado. Ningunear a otra persona no se hace más que cuando esta te perturba con su presencia. He sido ninguneada pocas veces pero siempre con los mismos sujetos. Y hoy, repito, he aprendido que no soy incondicional.