Entre párrafos siento
connotados mis sentimientos, a veces de soledad, pero no de tristeza. Hoy he
aprendido que nadie es incondicional. Me niego estar suplicando una amistad
mientras ella o él hojea una revista ya arrugada, por no ser conmigo la primera
vez que emplea la misma táctica. Me aleja de su inestable compañía y aunque
sepa que en el problema de su desprecio no participo, no estaré aquí siempre
resistiendo sus caprichos.
Quizá la distancia que
marque implique distancias con otras personas, pero mi eterna paciencia se ha
terminado. Ningunear a otra persona no se hace más que cuando esta te perturba
con su presencia. He sido ninguneada pocas veces pero siempre con los mismos
sujetos. Y hoy, repito, he aprendido que no soy incondicional.