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sábado, 30 de julio de 2016

CONTAMINAME


Si renegamos del caballo del amor por pensar que la alteración de los sentimientos que conlleva no merece la pena, nos perderemos un bien mejor. No hay mayor fortaleza que la vivencia personal de un apoyo de alguien que quiere compartir tus mismas vivencias, ni mayor satisfacción que regalar tu tiempo recibiendo recuerdos inolvidables en los que la música suena al son de tu corazón.

Las flores contentas de mayo alegran el paisaje y lo llenan de colorido. Me permito sentir hoy los vivos colores de la primavera dejando atrás el gris de la tragedia. No puedo mentirme y dejar escapar este sentimiento, que por libre que parezca, ha hecho una parada en mis adentros.

Podría no dejarme domar por esta ilusión pero prefiero entregarme al caballero que da nombre a este sentimiento, quiero contaminarme con su canción y si es preciso lloraré con su partida pero no perderé la oportunidad de sonreír ahora por su grata presencia. Cantemos al amor y mientras el violín sueña no pensemos que la primavera termina con la marcha de las rosas. Entre tanto, pensemos en la buenaventura y no dejemos de escribir versos tiernos que los robo de un destino incierto.

viernes, 29 de julio de 2016

PRIMERO YO, LUEGO TODOS Y AL FIN NOSOTROS.


La vida es más llevadera si a intervalos nos concedemos la tregua de aprovechar aquellos momentos felices que ansiamos tener. Si caemos en el pecado de analizarlos con frialdad obtenemos, incluso no queriéndolo, la congoja de ver alejarse el placentero sueño que vivimos. Los espíritus enfermos, faltos de fe, lloran en silencio la ausencia de sentimientos que impulsan en los difíciles días oscuros. La excesiva confianza en el prójimo no evita estos días, pero si ayuda, mientras nos encontramos solos, a tener fe en otras personas. Personas que quizá todavía no conocemos pero sentimos que aparecerán para acompañarnos en este lado del camino. El conocimiento personal de aprender a no dejar escapar lo mucho o poco que tenemos está fraguándose en nuestro interior, a través de la ayuda de la observación y la experiencia. Cosa esta que solo podemos conseguir nosotros mismos en la soledad de una habitación perjudicada por una tenue luz de nuestros pensamientos.

No odio el silencio, pero hay ocasiones en las que el ruido de fondo de un concierto de rock me puede enseñar a compartir el mismo sueño que otros sienten leyendo un libro: disfrutar del aquí y el ahora. A veces es necesario integrarnos en la multitud para aprender a decir “basta”, aunque solo sea balbuceándolo, y romper con el enigma del misterio de la existencia. La sociedad nos obliga a disfrutar en momentos puntuales de su multitud. Aprendemos que ser un grano en el desierto, donde hay tantos, es terapéutico para no vernos inundados de la individualidad en esa habitación en la que damos rienda suelta a nuestros pensamientos, pasando de esta forma a la acción.

Y por último, después de construir el primer cimiento del crecimiento personal, y el segundo, saber disfrutar de los momentos en sociedad, aparece, un gran día, alguien con quien conectas. Creces hacía un lado que, aun habiendo vivido algo similar, desconoces la dirección a la que te van a llevar tus pasos. Robas un poco de la suerte de los dioses y no te sientes por ello un ladrón. Empieza a gustarte el color rojo en forma de corazón, y tu número favorito ya no es el seis sino el dos.

Escuchemos nuestra voz interior y demostrémonos lo importantes que somos a este mundo que nos rodea tanto cuando estamos solo, o en grupo, o cuando hayamos encontrado el amor. Un saludo y buenas días amig@s.

 

martes, 26 de julio de 2016

LA PIRÁMIDE DE LA AMISTAD


Para ser justos deberíamos ser tan comprensivos como quisiéramos que lo fuesen con nosotros. Aquellos que más nos exigen, que nos aprietan a actuar en su favor, son los que menos nos ofrecen. El situar a todos los amigos juntos en el mismo privilegiado escalón de nuestro corazón puede llevarnos a irremediables decepciones cargadas de una fuerte sensación de sin sentido en nuestros sentimientos. Y es que el corazón no es redondo sino triangular. En la cima debemos posicionar a aquellos con los que todos nuestros actos y pensamientos pueden ser relatados sin miedo a sentirnos rechazados. Aquellos que por entendernos no nos juzgan, y se conocen tanto a ellos mismos, razón por la que son cómplices de nuestra más calada existencia. Por debajo de este peldaño todos los demás.

No debemos confundir la franca amistad, con la ternura que nos profesan otros y que no es correspondida. De agradables está el entorno lleno, pero su silencio manifiesta una composición de abandono a nuestro más hondo sentir.

Los animales poseen esa sensación de comodidad con la presencia de otros seres y no recuerdan sus intachables decepciones. Quizá yo tenga un poco de animal al olvidar rápido lo desagradable para pasar al amor en un breve instante. Soy un poco animal para eso. Sí, creo que necesito amar como los animales para encontrar sentido a esta vida. A pesar de todo no creo haber sido nunca un chimpancé.