miércoles, 23 de noviembre de 2016

DIA IRREPETIBLE


            La luna más grande la he dibujado yo hoy al anotar alguien la dirección de este blog con los deseos de mirarlo. Parece que una persona más está interesada en leer mis párrafos. No temo al público. No veo sus miradas tras la pantalla de mi ordenador, ni sé si entienden los recónditos sentimientos que brotan de mis escritos.

            Buscamos comprensión y muchas veces la hallamos. Buscamos ternura, y aunque la mayoría de las ocasiones la confundimos con compasión, siempre encontramos placer ante aquella caricia que nos sorprendió.

            La sinceridad es quizá ese sentimiento espontáneo del que debemos fiarnos. Confiar en los impulsos que sin alcanzar el desequilibrio, rompiendo la más terrorífica causa del bien, era y continúa siendo la máquina que marca la verdad.

            Pensamos en programar nuestras reacciones. Omití este pensamiento, o mejor dicho mis razonamientos nunca vencieron a mi impulsividad. Tal vez me arrepienta de ser tan sincera por momentos pero para encontrar la comprensión y la ternura no hay que poner por medio la mentira.

sábado, 12 de noviembre de 2016

PRESENTE


Unes el canto a viva voz en las nubes,
y te haces dueña de las montañas.
Compensas con relax,
la tradición del paréntesis,
después de una dura batalla.
Construir nuevos sueños,
pues sin ellos no has de quedar.
Rompes el destino,
enmudeciendo ante el hoy,
y vives intensamente,
lo que mañana esperas sea presente.

domingo, 6 de noviembre de 2016

LOS AMIGOS

Aprendo a distinguir sus incandescentes luces
de las sombras escondidas en la trastienda
que sobreviven a la somnolencia.

Detente a escuchar tu corazón,
haz que todos lo escuchen,
y hallarás la paz y el perdón
de tu conciencia.

Usurpa si es necesario, en la montaña,
el calor que dentro de ella te espera.
Y no te rindas en el intento
de ver nacer a aquel amigo,
que sin esperarlo se ha convertido,
en parte de tu camino.

miércoles, 26 de octubre de 2016

EL PEQUEÑO SOÑADOR


                Nos marcamos un pequeño horizonte tras el que se esconde un gran deseo de obtener, aún sin esfuerzo, aquello para lo que creemos haber nacido. O confiamos mucho en el destino o la niebla nos rompe la intuición de que el mañana será prometedor.

                Opinamos dañando o animando al prójimo. Influimos en lo que él ya no considera destino. ¿Por qué ensordecer los impulsos que nos vienen de dentro a cambio de los dardos envenenados que nos son lanzados, o simplemente por nosotros recogidos, en esos ambientes hostiles que dejan atrás las motivaciones innatas?

                Esperamos que todos apoyen nuestros sueños. Muchos lo hacen. Y todos somos pequeños soñadores por muy grandes que estos sean. Las nubes me lo demuestran. Sí, cada ilusión, aparentemente escondida, se refleja en el cielo. La mirada detrás de la túnica no oculta la luz de los vivos ojos ante la imaginación, que no sacia su apetito por el simple hecho de rendirse.

                Consideré dejar de escribir, pero hoy, después de varios alientos, unos pocos por este blog y otros tantos por vía oral, mi paladar saboreo el pastel al que dirigió sus pasos, lentos…, casi imperceptibles, pero siempre guiados por la necesidad de compartir lo que esconde mi mirada.

                Olvidar lo que cobra sentido dentro de uno a veces es más fácil que enseñarnos a buscar una forma eficaz de echar fuera lo que nos invade. Ser frío e impasible es quizá un estilo de vida que no aporta sufrimiento y desconozco si alegrías. El vivir intensamente delirios que nos llenan de felicidad es tal vez lo que me define. Y no he de renunciar al derecho de soñar.

lunes, 17 de octubre de 2016

GRACIAS


Desde el  14 de agosto no publico lo que mi alma susurra, desde ese día, dejo morir a mis pensamientos sin concederles la oportunidad de compañía a aquellos que en la soledad de la noche, cuando nos sinceramos con nosotros mismos, tienen miedo a su conciencia. La razón de no publicar no es más que la indiferencia que percibo de mi alrededor por algo que para mí es tan importante como la expresión de mis ideas. Todos formamos parte de una idea y si ignoramos al que nos relata la suya, no tiene sentido que éste continúe esforzándose.

            Hoy he visto que han superado la pereza de abrir mi blog 976 personas y en honor a ellas he sentido la necesidad de justificar mi ausencia.

            El 3 de diciembre de 1988, cuando tenía la edad de 11 años, escribí mis primeras líneas. Aun las conservo de mi puño y letra. Este sueño, en ocasiones aletargado, ha permanecido en mis noches de insomnio. En una ocasión rompí con mi vida, dejando estudios, amigas y alejando la tranquilidad de mis padres, por encerrarme en mí y dar rienda suelta a este deseo de unir palabras para intentar conmover y despertar sentimiento en los demás. Mostrando mis miedos y mi incomprensión e intolerancia, para lograr que todos se sintieran comprendidos.

            Escribir es cosa de uno. Pero el compartir es lo que nos aporta la felicidad. La indiferencia de algunas amigas mata mi motivación por seguir escribiendo. No las culpo por no creerme capaz de hacerles pasar unos minutos de placer con mis párrafos. No las culpo. Me reprocho a mí el no haber descubierto otro camino que me haga sentir tan satisfecha como escribir.

            Gracias a los que me habéis leído. Y gracias a los que no porque me demostráis que la vida es más que unas palabras en consonancia.

domingo, 14 de agosto de 2016

“EL CAFÉ”


No convoco el pasado al recordar un alter sentarse a mi lado. No presté atención a su causal sexo. Llegaba con una reciente amiga. Soltó sus labios para despedir un saludo, y aunque lo escuché y con cortesía actué, mi ego no detuvo a sus pensamientos.

Otro día distinto y posterior al antes descrito, aquella persona transparente acompañó a la misma mesa que yo. Y así, cada vez que el Sol, la estrella mayor, se ponía, yo me cubría con las mantas de la experiencia de haber compartido con ella un café.

No soy capaz de redactar la palabra justa con la que logró abrir mis ojos a ella. Desde entonces la he visto a menudo, y aunque se me escape el indómito verbo, no está en el la esencia sino en las agradables e inevitablemente mudables consecuencias; un puente, (un lazo), entre sus humanas vivencias y las mías, también sinceras.

lunes, 8 de agosto de 2016

EL PRINCIPITO


En todos nosotros habita ese pequeño planeta del principito, con sus malas hierbas que nos destruyen y las buenas que se tornan rosas. Estas debemos regarlas, aquellas arrancarlas llevándote con ellas aquellos comportamientos que empiezan siendo minúsculos pero terminan con la dulce ternura innata del cariño humano.

El principito sabía perfectamente como quería aquel cordero que le mandó pintar al piloto que se encontró en el desierto. Sí, elegimos a nuestros amigos. Escogemos, si la vida  nos ofrenda con esa suerte, de forma admirable a aquellos a los que confesamos nuestros pesares, pensamientos y alegrías. Nos dejamos acariciar por sus halagos y abrazarnos por su simpatía al transmitir que nos quieren. Somos capaces de mentir por ellos y juntos rodeamos el mutuo afecto por aquello que otros estiman extravagante.

Aquellos que no tienen amigos, ya sea por carecer estos de la facultad de compartir sus intimidades o por esconder sus sentimientos humeantes que el ambiente les fecunda, jamás experimentarán lo que es pertenecer a algo importante. Y es que no se puede vivir sin amigos. O quizá sí. Lo dudo… prefiero no comprobarlo.

Brindo hoy por mí de nuevo, como todos los días, por encontrar el camino a saciar la sed del cariño y por no sentirme descolocada ante tantas bengalas sorpresas. Doy gracias a los dioses por actuar, a veces, sin mi permiso a arrancar una mala hierba que se oculta entre las buenas. Ellos, los dioses, iluminan de alguna manera eficazmente el destino que mañana me está esperando.