Pido igualdad, ¡No! Lo que pido es triunfo para mí.
Ansío poder y aunque me comprometo a que este sea para bien, jamás sabremos si
lo es hasta que no suceda. Asciendo, escalón a escalón, para alcanzar el Olimpo
de los Dioses. Deseo estar entre ellos y dominar el vano mundo, convertirlo en
firme y renunciar a mi mortalidad.
Hoy me adentraré en el sueño con este engreído pensamiento.
Reforzaré mi idea y descansaré confiada en que suceda. Me vestiré con la túnica
y la clásica corona de las hojas de laurel que me convertirá en la diosa de la tortura. Tortura por
cometer el delito de renunciar a la humanidad.
Y mañana seré consciente de que todo fue una instantánea
ilusión provocada por la sed. Y daré gracias por no cumplirse mis deseos de
alejarme de lo que mas quiero; la modesta sociedad terrenal.