miércoles, 4 de enero de 2017

EL MILAGRO DE LA VIDA (mensaje esperado por algunos)


El aterrizaje en la vida parece un milagro, pero lo verdaderamente sorprendente es la belleza del lenguaje en el que todos nos apoyamos para expresar los recuerdos que nos evoca el pasado.

Esta noche compartí el presente con unos amigos convocando en nuestra mesa sucesos de otros tiempos en los que sin ser mas felices, parecían convertirse en satisfechos al expresarlos. A veces pensamos que la claridad con la que vivimos el pasado es triste y, no lo es cuando lo contamos en una noche poseídos por las cautivadoras sonrisas del presente, en las que no hay mayor alegría que sentirse comprendidos.

Nos perdemos entre las risas y las confesiones que hacen a una noche fría de invierno, cálida y valiosa para los recuerdos.

Somos unos campeones que en el vendaval no nos dejamos vencer por el excesivo apetito de la autocompasión que perdura en el tiempo, acechando sin razón. Conscientes de nuestra resistencia a dejarnos vencer por el sueño, rezagamos este para adelantar la madrugada de un día soleado y sin gemir por el paso del tiempo.

Quizá sea pastoso el confesar que los colores de la amistad se disuelven en la sangre y que esta da forma al valioso cuadro del sentido. El dibujo no requiere grandes gastos en la vida, la que a veces te envuelve en esa gran gama de grises.

El lienzo que hoy pinto son palabras absorbidas por un esperado presente duradero. La “M” símbolo de la Mar, que es fuerte gracias a la tierra, superficie en la que rompen con su fuerza los tentáculos de todo delito que gobierna el vedado descubrimiento del agua salada. Hoy no puedo discutir que la vida es bella.  Hoy no puedo hacerlo porque me entrego al sueño con la alegría de creer tenerlo casi todo, y con ello me conformo hasta el despertar mañana en el culto al que toda persona despega ante nuevos objetivos.

El milagro de la vida es mucho, pero recordar amigos míos que el milagro es estar vivos.

LUCHAR CONTRA EL DESTINO


Encontrar el sentido a la vida es la preocupación de muchos. Tenemos constantes luchas internas, nos recluimos en cárceles creadas por nuestras mentes porque todos y todo va en contra de la lógica. Solo descansamos en el intento de conocer nuestro destino cuando compartimos tiempo con familia y amigos. Personas que tropiezan en la misma búsqueda.

Un día nos despertamos contentos ardiéndonos el combustible de la esperanza, desde ese instante entendemos que en ella, en las ilusiones y en los sueños, en esos momentos que marcan nuestra vida y que recordamos con sonrisas está la esencia de la existencia.

Este descubrimiento no es exclusivo de los budistas pero, a veces, las batallas que lidiamos nos impiden alcanzarlo antes de sufrir el desconsuelo por el que la vida nos arrastra.

La incertidumbre es la que nos mata. No el conocer o no conocer sin intuir. Esto, aun sin ser inofensivo, se termina aceptando, pues si tienes la certeza ya sabes la respuesta.

A veces queremos estar solos y eso es lo que nos salva. Mientras no nos entendamos, el silencio ayuda a escucharnos. Así, después de conocernos a nosotros mismos conoceremos también a nuestros semejantes que, por muy distintos que seamos, todos luchamos contra el mismo destino.

Buscamos respuestas, buenas respuestas que nos favorezcan. Buscamos la eterna salvación que nos proteja del dolor al que tanto tememos. Y no hay mayor dolor que el temor a sufrirlo.

martes, 3 de enero de 2017

LOS ÁNGELES TAMBIÉN LLORAN


Mi abuelo siempre decía que quería vivir como los ángeles. Un día al partir mi abuela se escapó de sus ojos una lágrima. ¿Habéis visto alguna vez llorar a un abuelo? Es muy triste. Que el desconsuelo alcance a aquellos a los que crees que lo saben todo desconcierta. Y es que el saber no evita el sufrimiento. En aquel instante me senté a su lado sin pronunciar palabra y él con voz serena y sería, muy convencido de lo que pensaba, me dijo que mi abuela ya era ángel y estos no tenían penas. Era el consuelo que le quedaba.

Mi abuelo permaneció en este lado del camino muchos años, con la mirada perdida siempre en aquella foto en la que su esposa sonreía. No le vi echar mas lágrimas pero en las noches sé que lloraba a escondidas. Intenté hablar con él y le pedí que no se alejara de mí. Me dijo que yo no entendía. Dejó de asistir a mis cumpleaños, de acompañarme en mis conversaciones, me abandonó como creía que mi abuela lo había hecho con él. Es mas, le confirmé que los ángeles miran a la tierra y envían rayos de sonrisas para que las pérdidas sean menos dolorosas. Continué explicándole que mi abuela estaría triste por dejarse morir en vida y que los ángeles también sienten el hueco que dejan. No me escuchaba. Entonces era a mí al que se le escapaban las lágrimas porque no solo había perdido a mi abuela sino también el cariño de mi abuelo. En un último intento de recuperarle me despedí de él para hacerle reaccionar y llorando le afirmé que mi abuela estaría sufriendo por los dos. Y le pregunté: “Y dime tú ahora abuelo, ¿sigues pensando que los ángeles no lloran?”

lunes, 2 de enero de 2017

ADIOS SER QUERIDO


Olvide como se llora y hoy que quiero hacerlo no puedo. He perdido a mi tortuga y ella me enseñó  que en el silencio de la madrugada una no se debe sentir sola. Me enseñó que mientras se cocina la música ayuda a concentrarse en la comida. Me enseñó también que la televisión acompaña en la siesta al medio día. Y como aprendí de ella que durante la noche antes de dormir se medita, no siento pena de su pérdida porque sus enseñanzas hacen que ella en mí siga viva.

No lamento haberla conocido y su escapada no me hace sentir tristeza, sino mas bien agradecimiento por poner los dioses en mi vida alguien que me enseño lo que en estos momentos necesito. Tal vez, solo cuando trasnocho y no sigo su ejemplo, me siento perdida entre los recuerdos. Sí, hoy, que no duermo, la echo de menos.

Soy la que elijo noctambular en la noche sabiendo que es perjuicio. Me doy cuenta, y esto lo he aprendido solita, que yo decido perderme en los tristes sentimientos de su ausencia mirando las estrellas o dormir protegida en los sueños por su presencia. Gracias tortuga por enseñarme a pensar, gracias por ser tan importante para mí que no necesito olvidarte para ser feliz.

domingo, 1 de enero de 2017

EL NECESITADO PERDÓN


                ¿Cuánto tiempo has de pasar compartiendo momentos con personas para considerarlos amigos? ¿Con qué fuerza has de desear el bien a alguien para quererle? ¿Son los dioses buenos conmigo cuándo te regalan minutos que quieres hacerlos perennes y no temes perderlos como un oasis al acercarte a él en el desierto?

                Llegas a casa, después de ese rato de evasión, y perdonas lo que dentro de las puertas del hogar ha podido no ser tan favorecedor. Llegas inundada de bondad, porque la felicidad provoca ese efecto, el perdón.

                Quizá el liberarte durante un corto espacio de tiempo de lo que te sientes atada hace desaparecer la soga que te sujeta las muñecas, y vuelves a sentir que lo que vives es lo que has escogido para tí. Meditas el porqué de tu asfixia y reconoces que es para evitar un mal mayor. Compartes tu cocina con personas a las que crees no querer ver. Pero si una se encuentra satisfecha, llegas a sentirte mala persona por no olvidar lo que te puede alejar de sentir amor.

                Todos tenemos un destino y este es el que escogemos. Sí, amigos míos, nosotros somos la causa de nuestros desafíos internos. Creemos ser los poseedores de la razón, y no tiene razón aquel que cuenta con mas secuaces, sino que la razón no se inclina por lo que nuestros valores cultivan, esta nunca está de parte de la defensa del odio y la incomprensión.

                Pido hoy perdón por mi intransigencia. Pido hoy perdón por dejarme llevar por la fogosidad de mis sentimientos y pido, si se me permiten un tercer deseo, acceder al quebradizo equilibrio para asumir que lo que yo opino, que no es malo, no sea mas que eso, una opinión que no perjudique a mis hermanos.

                Las Navidades han terminado y espero que todos esos rencores que me revuelcan en el pasado, terminen y llegue la tibia cordialidad propia de toda temperatura ideal. Deseo que mis sueños regresen y perder hoy este perfume que huele a rencor, volver a vestirme de ingenuidad y hacer de mis días nuevos jardines con palpitantes proyectos ascendiendo nuevamente a la paz.

                Olvidar no es fácil pero es posible y necesario para continuar avanzando en el interno mundo de la ilusión.

sábado, 31 de diciembre de 2016

EMPEZAR A VIVIR


                Morimos todos solos entre la inmensidad de nuestros ilimitados pensamientos. Rodeamos a nuestro corazón de sensaciones que no siempre son tan agradables. La melancolía que envuelve la vida hay que dejarla postergar en el olvido, para inventarnos, o mejor diría reinventarnos cada día, aquel entorno confortable que añoramos.

                Pensamos que los bienes nos van a traer esos momentos felices que ansiamos y así es, las penas con dinero son menos penas, pero la soledad es cosa de todos y contra eso no hay dinero para evitar sentir que estamos solos luchando día a día contra esta vida que no entendemos.

                No es necesario llorar para estar triste, como tampoco es preciso ir riendo estruendosamente perdiendo el sentido. Basta con sonreír en este camino en el que hay que aprender a coger las rosas sin pincharse con las espinas.

                De qué personas me acuerdo para salir victoriosa en esos momentos en los que te ves hundida por los avatares que conlleva la propia existencia, seguramente ellas lo saben. Es perceptible por todos quienes son y es necesario saberlo, para  conocer junto a quienes luchamos. El día que estas personas falten habrá otras que ocupen tu tiempo, pero esa melancolía que pronuncio en párrafos anteriores, a veces, es difícil de tapar.

                Recordemos en estas fechas tan significativas de la Navidad que la vida es un juego en el que todos ganamos. El premio somos nosotros. Eso lo descubrimos instantes antes de morir, cuando sabemos que ha llegado la hora y que somos lo que nos queda. Tal vez, ahí es donde emprendemos el viaje de nuestra vida, donde incongruentemente empezamos a vivir. Donde el miedo a perder termina.

viernes, 30 de diciembre de 2016

31 DE DICIEMBRE


                Es el último día del año. Muchos preguntan por los propósitos para los próximos meses como si un cambio de año diera paso a un cambio de vida. ¿Acaso mañana seré una persona distinta a la de hoy? Sí es verdad que el proponerse una fecha para el comienzo de cualquier meta ayuda, pero no es triste querer dejar atrás algo con lo que te has identificado gran parte de tu existencia.

                Cada instante es una oportunidad mas para mejorar y este proyecto no ha de esperar a la llegada de un día determinado. Me establezco como meta seguir brindando cada mañana con un café como lo hice en el 2016 por mantenerme firme en mis principios y, anclarme en mis vivencias diarias, sujetándolas muy fuerte, reconociendo que eso es lo que tengo.

                Aspiro, como cada día al despertar, a mantener la llama de la humildad encendida, a ser comprensiva y entender que el dolor que nos causan otras personas es causa de su propio dolor, a no lloriquear por perder las batallas en las que creo que se encuentra mi felicidad, olvidando que esta misma la lograré al vencer mi propia guerra. Aspiro a conservar aquellas amigas que merecen la pena y que se pueden contar con los dedos de la mano, tenemos demasiados dedos…, a no romper el vínculo que me une a la familia, a recatarme  ante las injusticias, aprendiendo a defender con escrupulosidad lo que es importante  para la gente que quiero, y a ser vanidosa en mis virtudes, sin dejar de reconocer mis defectos. Aspiro a continuar viviendo y volver a celebrar esta noche heroicamente y sin miedo. ¡FELIZ AÑO NUEVO!